POLITICAS DE HOY
Anecdotas para contar
por Alfonso Zepeda Capistrán
      El 15 de septiembre del 2005, por invitación del senador Russ Feingold de Wisconsin, tuve la oportunidad de asistir a la VI Cumbre Anual del Liderazgo
Demócrata organizada por los Demócratas del Congreso estadounidense para discutir el informe especial para el Congreso sobre Nuevas Comunidades y
Oportunidades: Perspectivas sobre la Emergente Población Latina el cual se dio a conocer ese mismo día durante la reunión.  Los anfitriones fueron Harry Reid,
el líder de los demócratas en el Senado, Nancy Pelosi, la presidenta y líder de la Cámara de Representantes, y Hillary Clinton, la entonces presidenta del
Comité de Iniciativas y de Asuntos Comunitarios.  En esa reunión tuve el placer de conocer a muchos de los líderes demócratas de ambas cámaras del
Congreso, inclusive a Barack Obama y a Joe Biden, los ahora Presidente y Vicepresidente electos.   
      Ambos, Obama y Biden, eran miembros del Grupo de Trabajo para Iniciativas Hispanas del Senado, pero no tuvieron ningún papel de liderazgo en la
cumbre. Ni siquiera fueron participantes activos, aparte de haberse hecho presentes para el almuerzo y la mesa redonda que se llevó a cabo durante ese
periodo de la cumbre. El papel de liderazgo quedó en manos de Reid, Pelosi, Clinton y los entonces co-presidentes del Grupo de Trabajo para Iniciativas
Hispanas, el senador Jeff Bingaman y el entonces todavía senador demócrata Joseph Lieberman, además de los miembros del Caucus Hispano del Congreso y
el Grupo de Trabajo para Asuntos Hispanos de la Cámara de Representantes.  
      Los senadores Reid, Bingaman y Lieberman, y la representante Grace Napolitano, presidenta del Caucus Hispano, dieron apertura a la cumbre y abrieron
paso a Hillary Clinton quien le dio el cierre con broche de oro a la bienvenida. La presencia de Clinton opacó inmediatamente al resto de los anfitriones. En
cuanto apareció a la puerta, las cámaras apuntaron hacia ella, sin perderle ni un paso, ni un respiro.  La sala se iluminó tanto por el interés de los medios y del
centenar de invitados como por la fuerza de la personalidad y de las palabras alentadoras de Clinton que animaban a los participantes a trabajar en
colaboración ya que “mientras nuestras comunidades hispanas avanzan social y económicamente, hay nuevos desafíos. Tenemos que trabajar juntos para
enfrentar estos desafíos y crear soluciones que estimulen más avances en el futuro.” La declaración de Clinton hacía eco a las contribuciones de quienes le
precedieron y quienes como ella también reconocieron los valores y las contribuciones de la comunidad hispana al enriquecimiento de la nación. De
inmediato, todos nos dimos cuenta de quién era la estrella de la cumbre.  Durante el resto del evento, ni Reid, ni Pelosi, ni Byron Dorgan, ni Christopher Dodd,
atraía tanto a los participantes ni a los medios.  
      Ya para entonces se especulaba que Hillary Clinton se declararía candidata a la presidencia por el partido demócrata y por eso, creo, todo el mundo se
interesaba en ella. Entonces, y hasta bien entrado el 2008, no se le había siquiera ocurrido a nadie que el nominado a la presidencia por el partido demócrata
sería otra persona que Hillary Clinton. Ella era como un imán. Todos la perseguían y, por lo tanto, resultaba más difícil hablar con ella que con cualquier otro
miembro del Congreso.  
      a popularidad de Clinton hizo posible que personajes como Barack Obama y Joe Biden, quienes se mantenían al margen, estuvieran más al alcance de
todos. Así es que tuve la suerte de hablar más cómodamente con ambos durante el almuerzo del evento.  Obama y Biden se mostraron muy amables y hasta
permitieron que les diera un abrazo. Obama parecía muy callado. No decía mucho. Ni siquiera cuando le insinué la posibilidad de lanzarse a la presidencia. Y
como si en realidad no le interesara, y como quien calcula bien sus movimientos, Obama respondió que no sabía, “no sé, ya veremos.” Yo no insistí y allí se
quedó el asunto. El resto del intercambio fue “small talk,” trivial. Tampoco hubo tiempo para más porque entonces aparecieron otros colegas que pidieron
sacarse una foto con él, y yo no me quede atrás, claro. Fue un intercambio breve, pero agradable, algo para jactarme en algún momento de mi senectud.
De todos los miembros del Congreso que conocí ese día, Joe Biden fue quien más me impresionó por su manera de ser. En términos de su personalidad, Biden
es uno de esos políticos de los cuales se puede sinceramente decir “con ese tipo sí que se puede convivir y hasta tomarse uno una cerveza.” En persona me dio
la impresión de ser la quintaesencia del buen político, aunque no se le conozca como tal, pues se sabe que de vez en cuando puede también perder los
estribos. Pero su personalidad sí que es otra cosa. Le gusta jugar y bromear con la gente. Recuerdo haberle hecho una broma diciéndole, “Hey Joe, nunca me
llamaste como me prometiste. Estuve esperando tu llamada.” Y como todo buen político, se disculpó y dijo, “lo siento mucho Alfonso, por favor perdóname. Te
juro que no lo vuelvo a hacer. Dame tu número de nuevo y yo te llamo.” Y así es que mi tarjetita de presentación llegó por primera vez a manos de la campaña
de Biden.  
      Es interesante cómo Obama y Biden, cuya presencia en el periodo preelectoral, como en este caso del 2005, apenas llamaban la atención del público y
de los medios. Ahora vemos como cambian las cosas. Ambos están en la mirilla del mundo entero.  
Del centenar de invitados a aquel evento del 2005, estoy seguro que nadie esperaba los resultados que ahora tenemos de las elecciones presidenciales del
2008.  Sabíamos de la importancia que tendríamos los hispanos como grupo electoral en las elecciones del 2006 y del 2008, pero el que nuestro apoyo se iría
mayoritariamente rumbo a Barack Obama era inconcebible.
      De Biden se sabía que posiblemente se volvería a lanzar, pero sin posibilidades de superar la maquinaria de Clinton. De Obama se hablaba algo al
respecto, pero nadie se imaginaba que se haría realidad tan pronto. Nos equivocamos.  Y no creo que hayamos sido los únicos.  En el 2005, 2006, 2007 y hasta
principios del 2008, nadie dudaba de que Clinton estaría allí hasta el final, y así fue, pero perdió significativamente ante Obama.  
      Ahora, ojalá no demos el asunto por terminado, sino que como lo dijo Clinton y como lo volvió a repetir Obama en su discurso triunfal del cuatro de
noviembre, hay muchos retos por delante y tenemos que trabajar juntos para encontrar soluciones a los desafíos con que nos enfrentamos.  Obama ha hecho un
llamado al pueblo estadounidense pidiendo la participación.  Ojalá aceptemos esa invitación y logremos forjar una agenda que responda a las necesidades de
nuestras comunidades, pues mucho depende del pueblo el que se cumplan o no las promesas de la campaña.  
      ¡Así sea!