Crisis en Honduras
E.E.U.U. no debe quedarse con las manos cruzadas
Con el regreso del Presidente de la República de Honduras Manuel Zelaya Rosales a su
país este pasado 21 de septiembre, a casi tres meses de su destitución forzada, finalmente
existe una verdadera posibilidad de un regreso a la democracia y la posibilidad de un final a
la pesadilla que ha venido representando el gobierno ilegítimo que usurpó por medio de un
golpe de estado a ese país centroamericano colocando a Roberto Micheletti como su
presidente. La democracia está en juego y Zelaya, presidente legítimo de Honduras,
necesita ser restituido a su poder.
Zelaya quien fuera elegido democráticamente para gobernar durante el periodo
presidencial 2006-2010, la madrugada del domingo 28 de junio fue sorprendido en su




residencia por un grupo armado de militares encapuchados que lo detuvieron, lo trasladaron a las instalaciones de la Fuerza Aérea Hondureña
y lo enviaron a Costa Rica, donde lo abandonaron en el aeropuerto de San José y donde, por fortuna, se le recibió con los brazos abiertos. Fue
tal el golpe que Zelaya casi inmediatamente tuvo el apoyo incondicional de la comunidad internacional. Desde entonces, ese apoyo sigue
aumentando a raíz de las acciones cada vez más desesperadas del gobierno de facto de Micheletti de mantenerse en el poder a como de
lugar, expulsando a diplomáticos extranjeros, suprimiendo la libertad de expresión del pueblo y de los medios que se oponen a su gobierno y
encubriendo la represión y violencia de su gobierno ante la ciudadanía inocente, entre otras barbaridades.
La vuelta de Zelaya, quien desde su regreso se encuentra alojado en la sede diplomática brasileña en Tegucigalpa ha hecho reaccionar
aun más violentamente al gobierno de Micheletti, optando por un total estado de sitio, amenazando no solamente a Zelaya mismo, sino que
también a los seguidores de éste, a sus anfitriones y demás simpatizantes nacionales e internacionales.
Micheletti siente la presión y no ve de qué otra manera controlar el movimiento del pueblo. Se esconde tras las barricadas de las fuerzas
armadas que protegen la fortaleza desde la cual pretende liderar. Estas mismas fuerza armadas ahora también intentan controlar al pueblo y
los movimientos de Zelaya. Pero el pueblo, cuya mayoría está en contra del golpe de estado, ahora se hace sentir, pierde el miedo y se
manifiesta saliendo a apoyar y a defender a su único y legítimo presidente: Manuel Zelaya.
Micheletti se rehúsa a que Zelaya sea restituido. Se rehúsa al dialogo. Lleva ya tres meses sin querer aceptar las recomendaciones ni las
intervenciones de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea (EU), o de la Organización de Naciones Unidas (ONU),
entidades que desde un principio se han negando a reconocer al gobierno golpista. Esto finalmente ha resultado en la cancelación de
prestaciones a Honduras, pero no lo suficiente como para derrotar por completo al gobierno interino que se mantiene allí mediante el uso de su
mano dura.
Lo que se necesita en este caso es que Estados Unidos reconozca formalmente el golpe como golpe y corte las relaciones diplomáticas y
comerciales con Honduras. Si Estados Unidos reconoce formalmente el golpe como tal, tiene entonces que suspender sus tratos comerciales
que para Honduras constituyen el 70% en exportaciones y el 52% en importaciones según un informe de febrero del 2009 de la Oficina de
Asuntos del Hemisferio Oeste del Departamento de Estado de Estados Unidos. Ahora, aun con un gobierno usurpador en Honduras, el
comercio entre ambos países, Estados Unidos y Honduras, continúa. Los inversionistas estadounidenses en Honduras cuentan con dos
tercios de todas las inversiones extranjeras directas en el país (maquiladoras, producción frutera, turismo, telecomunicaciones, energía,
seguros, producción de alimentos, etc.) La mayoría de las más conocidas cadenas de restaurantes estadounidenses también cuentan con
operaciones en Honduras. Si Estados Unidos quisiera darle fin a la pesadilla del golpe militar, lo podría hacer con un abrir y cerrar de ojos.
Pero obviamente, para que esto sea posible, falta la voluntad estadounidense de querer hacerlo. Dadas las estrechas relaciones entre
Honduras y Estados Unidos en el pasado reciente, tal vez esto es más fácil decirlo que hacerlo. Estados Unidos ha venido cultivando una
relación de colaboración con Honduras desde hace años y cuenta con una base militar en ese país. Las tropas estadounidenses llevan a cabo
ejercicios de acción civil y conducen y proveen apoyo logístico para una variedad de ejercicios bilaterales y multilaterales. El mismo General
Romeo Vásquez Velásquez responsable por la ejecución del golpe de estado es producto de los entrenamientos de Estados Unidos como
estudiante de la Escuela de las Américas en por lo menos dos ocasiones en los 1970s y 1980s. Honduras le ha sido siempre fiel a Estados
Unidos en sus operaciones centroamericanas en contra de gobiernos denominados por Estados Unidos como “revolucionarios marxistas” en
Nicaragua y como gobiernos de “insurrección de izquierda activa” en el Salvador. Honduras también ha apoyado la guerra en Irak y ha enviado
soldados en apoyo de las acciones militares de Estados Unidos allí. O sea que Estados Unidos mantiene estrechas relaciones con la derecha
Hondureña, la misma que se encargó de llevar a cabo el golpe de estado.
A Estados Unidos o a la elite política y económica de Honduras no interesa la idea de una democracia participativa como la que Zelaya
intentaba llevar a cabo por medio de una consulta ciudadana, lo cual aparentemente precipitó el curso del golpe de estado y el cual se efectuó
precisamente cuando estaba por llevarse a cabo la consulta. La consulta tenía como objetivo pedir al pueblo hondureño si deseaba que en las
elecciones presidenciales del próximo noviembre se colocara una cuarta urna, además de las otras tres que corresponden al Presidente, a los
diputados y a los alcaldes, para votar por la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente en el 2010, cuyo fin sería la elaboración de
una nueva Constitución de la República. A Estados Unidos o a la elite política y económica de Honduras tampoco conviene el acercamiento
de Zelaya a los gobiernos de izquierda latinoamericana como Venezuela, Nicaragua y otros que se han atrevido a desafiar las políticas del
gobierno estadounidense, particularmente en cuanto a su relación con Latinoamérica.
Por lo mismo, Estados Unidos se ha tomado su tiempo en reaccionar en contra del golpe. Y aunque haya hecho declaraciones, no ha
tomado acciones decisivas. Ya tarde en el juego, Estados Unidos suspende la visa diplomática a Micheletti y partidarios y anuncia un recorte
minúsculo en la ayuda monetaria a Honduras. Pero desde el 28 de junio, día del golpe, hasta el 12 de septiembre, día en que se le informa a
Micheletti de la suspensión de su visado diplomático, Estados Unidos no hizo absolutamente nada.Ahora pretende actuar, como para
comprarse más tiempo y dejar que el curso del término presidencial de Zelaya se venza. Mientras tanto Micheletti ha hecho como le ha dado
la gana. Asimismo, el gobierno interino de Micheletti se opone a las intervenciones de instituciones internacionales como la OEA o la ONU.
La única solución a la crisis hondureña es la restitución de Zelaya y destitución de Micheletti y políticos y militares allegados suyos que
por acciones propias continúan sofocando al pueblo hondureño. Con cada día que transcurre se pierde la legitimidad de las campañas
electorales en curso programadas para noviembre y que el mundo entero dice no reconocerá a menos que se solucione la crisis política.
Pero la mano dura de Micheletti se rehúsa a renunciar. Si a Estados Unidos le interesa restituir la democracia en el mundo, esta es una buena
oportunidad. ¿Tendrá el gobierno de Obama la voluntad?

Politicas de hoy
por Alfonso Zepeda-Capistran
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