POLITICAS DE HOY
¡Con ganas sí se puede!
por Alfonso Zepeda Capistrán
      Allí, su sueño de ir a la universidad se hizo realidad. Después de su presentación y su discurso de aceptación varias universidades se interesaron en él.
Gracias a la labor del personal del Programa de Asistencia Universitaria para Migrantes (CAMP, por sus siglas en inglés) de la Universidad Estatal de Michigan,
particularmente gracias Elías López, quien se molestó en venir hasta su humilde hogar en el campo para migrantes en Cambria, Wisconsin, Oscar ahora se
encuentra en la universidad.  
      Como sus padres, yo también estoy muy orgulloso de Oscar, pues lo conocí por primera vez cuando apenas tenía seis años. Me acuerdo que desde
entonces me llamó la atención. Lo vi como un chico muy dedicado. Era serio y respetuoso de los demás. Se llevaba bien con sus amigos y con su familia. De
vez en cuando le regalaba libros porque veía que le interesaban. Siempre me preocupé por que le fuera bien en la escuela y trataba de mantenerme al tanto y
me molestaba cuando no le iba bien. A veces me daba hasta coraje saber que trabajaba desde que salía de la escuela hasta ya tarde por la noche. Yo quería
que estudiara porque sabía que sus calificaciones se veían afectadas por la mudanza de Texas a Wisconsin en la primavera y por el trabajo.  
Desafortunadamente, a veces la gente tiene que trabajar. Oscar no era la excepción.
      Oscar es un típico migrante cuya familia viaja desde Del Rio, Texas a Wisconsin en la primavera y regresa a Texas en el otoño. Este año no será así. Pero
sus padres que lo despiden en Michigan continuarán como lo han hecho por muchos años. Por más de 40 años, desde los 12 años de edad, Oscar Zavala Sr.
ha estado viajando como migrante. Viajaban de Texas a Illinois, de Illinois a Wisconsin, y luego a otra vez a Texas. Desde hace poco más de 10 años la
trayectoria ha sido directamente de Texas a Wisconsin. Como muchas otras familias migrantes, la familia Zavala ha pasado momentos difíciles por no tener
empleo y, por lo tanto, no tener ni para darles de comer a sus hijos. Pero, con fe y con ganas, siempre han sabido superar todos los obstáculos. Han sufrido
tragedias personales propias. Oscar Sr. una vez fue accidentado y murió momentáneamente, pero la suerte quiso que sus hermanos lo pudieran resucitar. En
otros casos, no han tenido tal suerte y han perdido trágicamente a seres queridos. Sin embargo, aun así, la familia sigue con la frente por delante.  Ahora, llenos
de orgullo por Oscar que empieza la universidad.  Será la primera vez que Oscar se aparta de sus padres.  
      Como sus padres, Oscar también ha tenido que superar obstáculos difíciles que han sido parte de su vida como migrante. El tener que viajar más de 2 mil
kilómetros desde Texas hasta Wisconsin año tras año es tedioso y peligroso. ¡Lo que hace la gente por un trabajo! Esto quiere decir también tener que
despedirse de sus amigos y familiares, tener que dejar la escuela a mediados del semestre de primavera (y de otoño al regresar), el tener que cambiar de medio
ambiente y tener que adaptarse a otro lugar, a otra escuela y otra gente constantemente. Todo esto afecta mucho. El impacto en los niños es fuerte. Su
educación sufre porque las clases no siempre son las mismas. Y aun si las materias son las mismas, las secuencias no lo son. Además, los maestros son
diferentes. El tiempo que se pierde en el viaje y busca de trabajo y vivienda también hace que a veces los niños migrantes se atrasen en sus estudios. Por esta
razón es siempre un gran orgullo saber que un estudiante migrante termina la escuela y más aun si se destaca. El que Oscar haya sobresalido y ahora esté en la
universidad, es una muy buena noticia.
      Oscar es un buen ejemplo de estudiante. Dedicado. Serio, pero con buen sentido del humor. Ha sabido superar sus obstáculos.  
Oscar es un modelo para otros estudiantes porque representa el potencial que todos tenemos. Es un buen modelo para otros niños migrantes porque como él
mismo sabe y me lo ha dicho “los niños migrantes pueden hacer la diferencia en el mundo.” Y quiere que otros lo sepan.  
Oscar también ha sabido querer a sus padres y llevarse bien con ellos. Ellos le corresponden y le han sabido dar el amor de padres que todos necesitamos.  Han
sido para él muy buenos modelos y le han dado un buen hogar donde crecer fuerte y sano.  
Ahora le corresponde a Oscar cumplir con su promesa de mejorarse a sí mismo y de tener éxito para continuar con el sueño de sus padres y abuelos de “mejorar
a nuestra familia y de trabajar para lograr un futuro brillante y hermoso para todos.”  
      ¡Con ganas sí se puede!
       Esta semana comienza un nuevo capítulo en la vida de Oscar Zavala, un joven de 18 años recién
graduado de la escuela preparatoria. La mañana del miércoles 20 de agosto Oscar salió de su casa en el
campo para migrantes de la empresa procesadora de vegetales Del Monte Foods en Cambria, Wisconsin. Sus
padres orgullosamente lo llevaban a su nueva casa en el campus de la Universidad Estatal de Michigan en East
Lansing. “Mi vida está por cambiar,” me comentó mientras el auto de la familia entraba a Michigan. Cambiará
seguramente, pues hasta hace apenas unos días había tenido que madrugar para trabajar de las seis de la
mañana a las seis de la tarde, turno de día típico de la mayoría de quienes trabajan en la procesadora de
vegetales. “Va a ser un cambio, pero es lo que yo quería,” agregó.  
     Este comentario de Oscar es consistente con lo que escribió en el ensayo que presentó el año pasado como
parte de los requisitos para el premio “Estudiante del Año del Programa PASS” donde afirma que la educación
es importante para su familia y que desea ser el primero en su familia en obtener un título universitario. Oscar
fue seleccionado como el estudiante del año para este premio nacional. El reconocimiento se le otorgó en la
Conferencia Nacional de Educación Migrante en Orlando, Florida en abril del 2008, en presencia de sus padres
quienes con lágrimas de orgullo lo admiraban felizmente.
Oscar Zavala con sus padres