POLITICAS DE HOY
Obama, ¿republicano?
por Alfonso Zepeda Capistrán
    Por un instante creí haber terminado con el tema de las primarias electorales. Y aunque desde hace meses he ofrecido mi apoyo fielmente a Hillary
Clinton, estaba a punto de aceptar la derrota y de reconocer la inevitable candidatura para presidente de Barack Obama, aunque a regañadientes. Pero,
el viernes 23 de mayo del 2008, al ver el discurso de Obama ante la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) uno de los grupos de exiliados con
sede en la Florida más influyentes en la política estadounidense, particularmente en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, decidí abandonar la
idea de acercarme a él, pues su discurso reafirmó mis dudas en cuanto a su candidatura y me hizo querer colocarlo como a uno más de los de la grilla
de la cual se ha querido distanciar, pues no es el candidato para el “cambio” como viene pregonando desde el inicio de su campaña. La política de
Obama hacia Latinoamérica da la impresión de ser tan conservadora y arrogante que la de los mismos republicanos.  
    El discurso de Obama parecía ser de otro, no por su facilidad de lenguaje sino por su tono y su mensaje. Su presentación le siguió a un discurso
apasionado pronunciado por Jorge Más Santos, el Chairman de la Fundación Cubano-Americana e hijo del fundador de la misma Jorge Más Canosa. Si
yo no supiera que se trataba de uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos por el partido demócrata que se disputa el nombramiento del
partido, lo hubiera visto como uno más de los miembros de número de la FNCA.  Obama hablaba como un político de derecha, conservador, en la
misma línea ideológica de Jorge Más. Su mensaje anti-Castro y en contra de la izquierda latinoamericana me hizo pensar inmediatamente el debate
republicano llevado a cabo en Miami hace unos meses. Obama hubiera bien podido ser uno más de los candidatos republicanos en ese debate. Su
mensaje rimaba perfectamente con el de John McCain, Fred Thompson, Rudy Giuliani, Mitt Romney y Duncan Hunter. Ron Paul, también republicano,
fue la excepción. Al lado de Obama, Ron Paul hubiera sido visto como de izquierda. En política hacia Latinoamérica Paul fue sensato y no se dejó
influenciar por la geografía o los líderes de equis comunidad como sus otros colegas republicanos, ni como Obama quien no solamente parecía ya haber
sido influenciado por los exiliados cubano americanos sino que incluso se refirió a Jorge Más Santos como su gran amigo y a su familia el prototipo de la
libertad.
    No le faltó a Obama el lenguaje floreado que lo ha hecho famoso – habla bonito, a veces hasta poético y literario, pero dice mucho y no dice nada, y
promete todo para todos. Libertad y democracia en Cuba, Venezuela,  Nicaragua y Bolivia donde se teme se empiezan a filtrar elementos no-gratos a
través de acuerdos con países como Irán y China. Su mensaje anti-izquierdista se manifiesta también en su pleno apoyo a los gobiernos derechistas de
Colombia y de México. Apoyará al presidente Álvaro Uribe en Colombia en contra de las FARC y le prestará su apoyo al presidente Felipe Calderón en
México para acabar con el narcotráfico y con la violencia en contra de los agentes de la policía, etc Acabará, dice, con el encarcelamiento de
disidentes cubanos en la Habana. Traerá democracia en Haiti y ayudará a las fabelas en Brasil, etc. Siempre guiado por el principio de la “libertad,” pero
igualmente ignorando lo mismo que critica de estos países en su misma tierra, hasta burlándose de los procesos electorales como si en el nuestro,
Estados Unidos, no fuera necesario considerar algún tipo de reforma. Cree poder cambiar el modus vivendi y el modus operandi de más de 500 años de
historia de la noche a la mañana. Así de fácil, como un súper héroe. ¡Qué ingenuo!
    Obama dice que necesitamos nuevo liderazgo y que cuando él sea presidente nosotros estaremos al mando y nos alejaremos de las políticas
fracasadas del pasado para entrar en el siglo XXI. Pero al mismo tiempo no se atreve a deshacerse del embargo comercial contra Cuba, el mayor fracaso
de los últimos 50 años de relaciones Estados Unidos — Cuba. Un fracaso que no hace más que dañar al pueblo que pretende ayudar. Obama prefiere
solucionar el problema permitiendo el envío de dinero por parte de los familiares que residen en Estados Unidos, como si no ocurriera ahora mismo.
Obama tal vez tampoco sabe que el dólar ya es desde hace tiempo la moneda de preferencia en Cuba y en el resto de Latinoamérica.   
    Obama quiere alejarse del pasado, pero promete ciegamente seguir apoyando a los gobiernos de derecha como Bush y casi todos los gobiernos
anteriores a él.  Quiere romper con el pasado pero promete continuar con politicas derechistas hacia Latinoamérica. También cita a José Martí y hace
referencia a los grandes personajes revolucionarios de la historia latinoamericana como Simón Bolívar y Miguel Hidalgo, pero no entiende que muchos
de los movimientos revolucionarios y sociales de la Latinoamérica actual a los que se opone vienen de esas mismas raíces y toman como estandarte las
mismas personalidades a que él hace referencia.  Obama, como Bush, habla de la libertad y de la democracia como si solo existieran en Estados Unidos.
Recordemos que ese es el mismo tipo de argumento con el cual Bush convenció al pueblo americano para invadir Irak.   
    Obama desconoce profundamente la problemática y la realidad latinoamericana. Es evidente que todavía tiene mucho que aprender sobre política
exterior. Acercarse tan estrechamente a los exiliados cubano americanos y considerarlos como sus principales asesores en asuntos latinoamericanos,
contrario a la opinión de Obama, no le conviene a Latinoamérica. El caso de Cuba es muy particular y Obama tiene que darse cuenta que los exiliados
cubanos en la Florida desde hace casi 50 años vienen preocupándose más por si mismos que por el bienestar de la isla. También, que yo sepa, están
más afiliados al partido republicano que al partido demócrata, lo cual no garantiza que vayan a votar por él. Tampoco representan a la mayoría de los
hispanos en Estados Unidos.  Obama tiene que darse cuenta que manifestar su apoyo pleno y ciego a Uribe y a Calderón en los casos de Colombia y
México significa seguir apoyando el paramilitarismo que, como el embargo en contra de Cuba, los muchos años de colaboración de estos países con
Estados Unidos no ha hecho más que empeorar la situación.  
    Quienes creen que Obama representa un elemento progresista dentro de la política estadounidense deberían prestar atención a estos detalles. Según
parece, la mano dura de Estados Unidos seguirá aplastando la soberanía latinoamericana. Obama NO es la excepción.