POLITICAS DE HOY Israel, verdugo, ¡no tiene vergüenza! por Alfonso Zepeda Capistrán
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Quienes dependen de los medios de comunicación normales para informarse sobre lo que pasa en el mundo habrán oído decir una y otra vez que el más
reciente conflicto entre Israel y Hamas que ha dejado la Franja de Gaza en ruina no es más que un acto de autodefensa por parte de Israel. Y por qué no se ha
de pensar eso si el estado israelí, mediante sus medios noticiosos y con la ayuda de sus académicos, emitió una voz unánime describiendo a sus víctimas
palestinas en Gaza como terroristas y sus masivos asesinatos como actos de defensa.
Según Ilan Pappé, uno de los expertos más sobresalientes en asuntos del Medio Oriente y profesor de historia en el Universidad de Exeter en Inglaterra,
“esto se basa ante todo en puras mentiras transmitidas en una neolengua reminiscente de los peores días de la Europa de los años treinta … Israel presenta a su
propia gente como víctima autojusticiera que se defiende contra un gran mal. El mundo académico es reclutado para explicar lo demoníaca y monstruosa que
es la lucha palestina, si es dirigida por Hamas.” Este mensaje se hizo escuchar también por organismos judíos de todo el mundo simpatizantes de las acciones
de Israel ante Gaza. Y en la Casa Blanca el ahora ex-Presidente George W. Bush repitió en más de una ocasión que Israel tenía el derecho de defenderse,
dando así incondicionalmente su apoyo a Israel, al igual que lo hizo en el 2006 ante las incursiones de este país en el Líbano.
El Presidente Barack H. Obama, quien aun esperaba su toma de posesión, permaneció callado durante las tres semanas que duraron los ataques en Gaza.
Ambos, Bush y Obama tácitamente dieron luz verde a la continuación de la masacre. Se entiende que Obama no siendo todavía presidente no haya querido
opinar, aunque el mundo esperara ansiosamente su liderazgo. No dijo nada. Ahora como presidente, y solo después de concluida la masacre, Obama y el
Vicepresidente Joe Biden emitieron un mensaje llamando a la renovación de la diplomacia americana diciendo que darían prioridad al conflicto israelí-
palestino y que insistirían en la paz y la seguridad y en la existencia de un estado judío y un estado palestino que puedan vivir lado a lado. ¡Muy bien!
Sin embargo, el asunto no se queda allí. Obama y Biden dicen que actuarán para asegurar la fuerte asociación entre su país e Israel y que creen que “nuestro
primer e incontrovertible compromiso en el Medio Oriente tiene que ser la seguridad de Israel, el más fuerte aliado americano en el Medio Oriente.” Asimismo,
aseguran que “los Estados Unidos nunca se alejaría de Israel.” La declaración afirma el apoyo de Estados Unidos a la política de Israel de defenderse y hace
hincapié en cómo en el 2006, durante la guerra en el Líbano, “Obama defendió fuertemente el derecho de Israel de defenderse de las redadas y ataques de
Hezbolá” patrocinando una resolución del Senado insistiendo en que Israel no debería ser presionada a dar cese al fuego. Ahora, ya bien sabemos la brutalidad
con que Israel entró al Líbano provocando numerosas víctimas y cuantiosos daños materiales, un conflicto en el que según UNICEF, “los niños representaron la
tercera parte de las víctimas mortales y el 50 por ciento de los desplazados en el conflicto desatado en el Líbano.”
Obama y Biden dicen haber consistentemente apoyado a Israel y que defienden y apoyan un paquete de ayuda financiera anual que consiste en
“asistencia militar y económica.”
Estas declaraciones emitidas en su segundo día de mandato, inequívocamente explican por qué Obama se mantuvo callado durante el crimen perpetrado
por Israel en Gaza. También revelan lo que puede ser la política exterior de Estados Unidos bajo Obama; por lo menos en cuanto a Israel se refiere, esta
política no cambiará. Obama no es ninguna paloma blanca. Al igual que Bush, Obama ha permitido y seguirá permitiendo que Israel se comporte como el
verdugo que es, mientras que la mayoría de los vecinos árabes del Medio Oriente que no están en el bolsillo de Estados Unidos continuarán siendo delegados a
un segundo plano. La asistencia militar de miles de millones de dólares a Israel contribuye a la militarización de la zona y deja en evidencia las falsas
afirmaciones estadounidenses sobre planes de paz para la región.
Por lo menos 1,314 muertos y 5,300 heridos se registraron del lado palestino en solo tres semanas de conflicto, del 27 de diciembre del 2008 al 18 de
enero del 2009, según fuentes de BBC, Reuters y Naciones Unidas. En comparación, las mismas fuentes de información registran solamente 13 muertos y 415
heridos israelíes. El número de palestinos víctimas supera desproporcionadamente al número de israelíes víctimas. Cien veces más las víctimas palestinas en
este caso. Y lo peor es que la mayoría de los caídos palestinos fueron civiles, incluyendo ancianos, mujeres y niños que nada tenían que ver con el conflicto.
No se salvaron ni escuelas, ni hospitales, y ni siquiera las instalaciones de la ONU.
Mientras tanto el relator de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en los Territorios ocupados, Richard Falk, ha acusado a Israel de cometer
crímenes de Guerra y contra la Humanidad y ha pedido que se juzgue a sus responsables por los bombardeos contra la población de la Franja de Gaza y la
invasión de su territorio. Falk afirmó que la ofensiva “constituye una violación del Derecho Internacional humanitario porque afecta a comunidades enteras,”
desprovistas de alimentos y otras necesidades básicas. Según Falk, los ataques de Israel representan graves y masivas violaciones de leyes internacionales
humanitarias definidas en las Convenciones de Ginebra. Las acusaciones, sin embargo, hasta el momento han caído en oídos sordos. Y Estados Unidos prefiere
ignorarlas tal y como lo ha hecho históricamente ante los incumplimientos sistemáticos por parte de Israel de las resoluciones de la ONU a lo largo de los
últimos 60 años.
Estados Unidos es cómplice en esta vergüenza que el Nóbel José Saramago denomina como “una matanza” perpetrada por Israel.
¡Israel debería de tener vergüenza! ¡Estados Unidos también!